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2/4/1964 . Carlos Marx por Jorge Abelardo Ramos


Socialismo y Cultura

Marx amaba a los poetas. Su amistad con Heine y con Freiligrath pas� por las alternativas borrascosas que impon�a la pol�tica vers�til de los artistas; pero Marx les extend�a siempre un bill de indemnidad. �Los poetas son seres espe�ciales, dec�a a su hija; no podemos juzgarlos como a personas corrientes.� El autor de El Capital hab�a dialogado con las musas en sus a�os j�venes. La poes�a y lo po�tico no pod�an serle indiferentes a este cient�fico, que adem�s era un revolucionario y un poderoso imaginativo, devorador de novelas. Rele�a a Esquilo en griego una vez al a�o, por lo menos. Homero, Dante, Shakespeare, Cervantes, Goethe y Balzac aparecen una y otra vez en sus obras, evocando la fruici�n de intensas y repetidas lecturas (1). No hab�a en las predilecciones literarias y art�sticas de Marx el menor vestigio de �esp�ritu de partido�, si entendemos por esta expresi�n su sentido contempor�neo de �progresista� o �reaccionario�, a que han reducido al marxismo sus ep�gonos moscovitas. A diferencia de Len�n, cuyos gustos se circunscriben casi exclusivamente a los cl�sicos rusos del siglo XIX, Marx era un europeo formado en el centro cultural de Occidente, siendo �l mismo su m�xima expresi�n cr�tica. Entre sus proyectos incumplidos al morir, figuraba el de escribir libro sobre la obra de Balzac. Pero no se propuso elaborar una �est�tica�. Pose�a en alto grado la convicci�n de que el proletariado deb�a asimilarse toda la cultura acumulada por los reg�menes sociales precedentes, para ser digno de continuar durante su dictadura, en un plano m�s alto, las grandes conquistas espirituales de la Humanidad. Engels se�alaba a la clase obrera alemana como �heredera de la filosof�a cl�sica�. Pero ni Marx ni Engels fijaron plazos ni recetas para esta tarea. Antes de considerar los problemas art�sticos, la clase obrera deb�a conquistar el poder. Por lo dem�s, Marx no se propuso legar un repertorio omnisciente de respuestas v�lidas para uso de los revolucionarios del futuro. Entre las m�ltiples cosas que un genio como Marx no pod�a preveer, figuraba el establecimiento de una �est�tica marxista�, de la que Marx por supuesto no es responsable. El m�rito de esta notable invenci�n perteneci� a Stalin, ldanov y, por derecho sucesorio, a Khrushchev. Lo curioso es que la burocracia rusa cre� una �est�tica�, esclavizando simult�neamente a las artes. Las estipulaciones de dicha est�tica se asimilan, por sus consecuencias pr�cticas y a pesar del antagonismo de las disciplinas respetivas, al Derecho penal.
De lo dicho no debe inferirse que para los fundadores del socialismo cient�fico el arte jugase un papel puramente �decorativo� en el proceso hist�rico. La concepci�n materialista de la historia sostiene que las relaciones de producci�n constituyen la base real de toda sociedad (2). Sobre esa base se erige una �superestructura� cuyas expresiones jur�dicas, pol�ticas, filos�ficas y art�sticas est�n hist�ricamente condicionadas por aquella. Entre la base y la c�pula, entre la econom�a y el arte, para tomar las dos categor�as extremas del proceso, no existe una correlaci�n autom�tica, como pretenden ciertos facciosos, sino relaciones por decir as� ambiguas y matizadas, dif�ciles de precisar, salvo abrazando un gran per�odo hist�rico y cuyas leyes propias requieren estudios particulares insustituibles por la est�pida jerga �marxista�. Pero de que las manifestaciones �superestructurales� encuentren en �ltimo an�lisis su explicaci�n hist�rica general en las condiciones de producci�n, no significa en modo alguno que la ideolog�a, o el arte, desempe�en en la historia un papel puramente �reflejo�. Esta caricatura no pertenec�a a la mano de Marx, sino a la de sus disc�pulos m�s torpes o a sus malignos adversarios. Por el contrario, todo elemento hist�rico tra�do por el hombre al mundo, adquiere su propia fuerza, �react�a tambi�n a su turno y puede ejercer una acci�n sobre su medio, aun sobre sus propias causas�. (3)
Uno de los mayores peligros a que se expone ...continua



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