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2/10/1999 . Jorge Abelardo Ramos o las armas de la crítica por Enzo Alberto Regali


El 2 de octubre de 1994, fallecía en Buenos Aires Jorge Abelardo Ramos, el “Colorado” Ramos, y no lo hacía en un momento “indiferente” de la Historia.

El Muro de Berlín había caído, se había disuelto la Unión Soviética, México iniciaba una camino incierto pero novedoso con EE. UU. y Canadá en el NAFTA, el mundo se hacía unipolar y global, en nuestro país el Movimiento Peronista tenían un nuevo caudillo complejo e imprevisible -quizás a riesgo de esquematizar más parecido a Roca que a Perón- y surgía con fuerza y potencialidades, el MERCOSUR.

Conociendo su profunda ligazón con el Movimiento Nacional Peronista y sus ideas latinoamericanistas podríamos decir que su muerte no pudo ser más inoportuna, sin embargo también pienso que el giro adoptado por la política mundial, con la derrota del “socialismo” y de los “nacionalismos tercermundistas”, no fue justamente el marco que él imaginó durante toda su existencia de lucha por una sociedad más justa, con una América Latina unida y soberana.
Así, sucede con la vida, infinitamente más compleja y rica que nuestros anhelos y en la que a menudo ciertas ideas suelen concretarse a medias y de manera diferente a la soñada. Desconozco y carece de importancia, al menos para estas líneas, si secretamente la nueva era que emergía afectó tanto su razón de vida por aquellos días de 1994. Lo cierto es que los que (como quien escribe estas líneas) descubrimos en sus escritos y sus actos una nueva forma de pensar el país, sin la pacatería, la trivialidad y la hipocresía de quienes en el fondo ansían la uniformidad de un pensamiento dócil, no podemos dejar de impulsar el reconocimiento que el luchador, el intelectual, el político, el profeta, el maestro, el escritor, el periodista, el militante de la causa nacional y latinoamericana se merece.

No hablo aquí de los homenajes que ayudan a olvidar más rápido a los hombres y tanto se han usado en la historia. Me refiero a la importancia que tiene para las nuevas o las no tan nuevas generaciones, el conocimiento de su pensamiento, pues él nutrió la historia cercana de la Argentina y la América del Sur y en no poca medida con sus “armas de la crítica” influyó variadamente en políticos e intelectuales de los más disímiles orígenes, aunque no lo admitan públicamente.

Con una prosa aguda, por momentos hiriente hacia el adversario, intransigente pero brillante y amena, la mayoría de las veces con un gran sentido del humor, desarrolló sus ideas con una pasión digna de los grandes polemistas de nuestra historia. Nunca le importaron las concesiones o los arreglos para con quienes juzgaba como adversarios o enemigos y por supuesto tampoco aquello de “vender” su pensamiento para hacerlo “digerible” a la prensa o al oficialismo. No es poca virtud, aunque en política, donde abundan los grises, y los términos medios, esto suele tener un alto costo.

Sé que la figura de Ramos fue mientras vivió por demás polémica y no será distinto luego de su desaparición, pero habiéndolo conocido no correspondería en esta nota otra cosa que tratar de hacer conocer lo que desde mi perspectiva fueron algunos de los aportes más importantes de su producción.

Nacido a la política en el marxismo, asumió las ideas de Trotsky enfrentadas frontalmente con el stalinismo soviético, iniciando una demoledora crítica hacia lo que él mismo llamó la “izquierda oficial” argentina o la “izquierda liberal” o “la izquierda gorila”. Tempranamente inicia su intento por “nacionalizar” el marxismo y despojarlo de la estructura europeizada que los partidarios nativos del Partido Comunista, el Partido Socialista o el trotskysmo le daban.

Con gran acidez desnuda la hipocresía del “progresismo” de izquierda de esos partidos y sus derivaciones, que el 6 de setiembre de 1930 colaboraron con el golpe de Uriburu, que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen, y que luego en la llamada Década Infame avalaron como “oposición de su Majestad” el “fraude patriótico” de Conservadores y Radicales Antipersonalistas. En 1945 desconocieron a las masas trabajadoras que hicieron el 17 de octubre, llamándolas “hordas de desclasados” o “pequeños cl...continua



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Centro Documental Jorge Abelardo Ramos - C. A. de Buenos Aires, Argentina, UNASUR