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21/7/2006 . El legado de Ramos por Julio Fernandez Baraibar


Este 21 de julio, por obra del azar –por obra de ese hilo misterioso con el que teje Clío- nos encontramos haciendo una reflexión sobre el legado de Jorge Abelardo Ramos, justo en el atardecer de lo que puede haber sido el día más importante de los últimos diez años para los latinoamericanos...

Jorge Abelardo Ramos, la persona que posiblemente haya influido más en mi vida después de mi padre y de mi madre –habida cuenta que lo que influyeron mi padre y mi madre no contaba de mi partecon la racionalidad con la que contaba la influencia de Abelardo Ramos- era un individuo, como recordarán los que lo conocieron, de una extraordinaria y singular personalidad.

Pese a su aspecto poco criollo –ese pelo ígneo que le hizo ganar el inevitable sobrenombre de El Colorado, ese aspecto de Groucho Marx a quien a veces gustaba imitar, sus pecas- era, curiosamente, descendiente de criollos por el lado paterno: su abuelo había sido un hombre de a caballo, un payador ácrata de fines del siglo XIX que, en esos caminos del canto y de la militancia libertaria conoce y se enamora de una institutriz alemana en una estancia de la provincia de Buenos Aires. Y de ese matrimonio entre un payador gaucho anarquista y una institutriz alemana nace Nicolás, el padre –también anarquista- de Jorge Abelardo Ramos quien se casa con doña Rosa, una muchacha de la clase media, judía, porteña, hija de socialistas y adscripta ella misma a las ideas del socialismo.

Recuerdo un reportaje que le hiciera al “Colorado” Ramos –posiblemente en el año ’70- la revista “Panorama”, y quien era en ese entonces periodista de esa revista, el cura Ferreiros.

Ferreiros era un cura que ejercía su sacerdocio –quiero decir que no estaba reducido al estado laical, ni mucho menos- y que escribió un libro llamado “La Cuba de Castro vista por un católico”, luego de un viaje que hizo en la década del ’60 a Cuba. Era un hombre vinculado a la Democracia Cristiana; un hombre que siempre permaneció vinculado oficialmente a la Iglesia; compañero y amigo de Norberto Habbeger, quien luego termina en Montoneros y fue muerto en aquel suicida intento al que llamaron “la contraofensiva”. Y para que se recuerde quién fue Ferreiros: en una ocasión –siendo Juan Carlos Onganía presidente- Juan García Elorrio -fundador de la revista “Cristianismo y Revolución”- increpó a viva voz a Monseñor Caggiano, a la salida de la Catedral. Quien enfrenta a García Elorrio, interponiéndose entre él y el cardenal primado, fue el cura Ferreiros.

Tuve oportunidad de presenciar ese reportaje a Ramos, en el que Ramos recordó una situación que me ha acompañado siempre en la memoria: cómo eran los 1º de Mayo en su casa, cómo celebraba el 1º de Mayo una familia integrada por un padre anarquista y una madre socialista.

Contaba Ramos que la celebración del primero de mayo –que en esa familia tenía una importancia muy grande, casi similar a la que en nuestros hogares puede tener la Navidad o el Año Nuevo- comenzaba la noche anterior –que es la noche de Valpurgis, por otra parte- en una reunión en el Centro Libertario. Contaba Ramos que estaban todos esos hombres y mujeres sentados en círculo en una mesa, con sus trajes negros y sus sombreros orión. Y había discursos sobre la redención del proletariado, sobre la destrucción del Estado y la desaparición de las cadenas de opresión sobre la humanidad. Se turnaban los oradores hasta que, de pronto, otro -que tomaba la palabra-, en lugar de dar un discurso, recitaba un poema también libertario, quizás de Alberto Ghiraldo, hablando de los mártires y de los héroes de la lucha obrera. Eso terminaba cerca de la medianoche, cuando todos se volvían a la casa. Al día siguiente –el 1º de mayo propiamente dicho- iba al Parque Japonés con su madre, dado que el parque había sido alquilado, justamente para celebrar el Día de los Trabajadores, por el Partido Socialista para el uso de sus afiliados.

Con esto quiero decir que Ramos era un hombre criado en éste ambiente peculiar, del cual él tenía una gran memoria. Pesaba sobre su pensamiento todo este pasado de un abuelo y un padre anarquistas y su madre socialista.

Jorge Abelardo Ramos tenía, además, un don admirable que era el de la narración. Contó una vez del miedo que le dio, siendo un niño de 4 o 5 años, cuando viví...continua



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Centro Documental Jorge Abelardo Ramos - C. A. de Buenos Aires, Argentina, UNASUR