| 30/6/1982 . A la Suprema Corte de Justicia de la Nación por Jorge Abelardo Ramos y Luís María Cabral |
| JORGE ABELARDO RAMOS Y OTROS, por nuestro derecho y con el patrocinio del Dr. Luis María Cabral, quien lo hace como letrado y por sí, constituyendo domicilio en los Estrados del Juzgado, a V.S. nos presentamos y respetuosamente decimos: Que ante el hecho de la última usurpación de las Islas del Atlántico Sud (Archipiélagos de Malvinas, San Pedro —Georgias— y Sandwich) realizada por la violencia imperialista tras el 14 de junio de 1982 por parte del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y ante la inexistencia de adecuadas medidas para proteger nuestros derechos inalienables de soberanía territorial y marítima, venimos a solicitar la intervención judicial para que se puedan garantizar aquellos derechos, así como los personales y patrimoniales de ciudadanos. INTRODUCCIÓN Durante un siglo y medio las irredentas Islas Malvinas fueron un tema rutinario y hasta opaco en la historia de la diplomacia argentina. Cada año, ritualmente, se copiaba en la Cancillería la nota del año anterior y se remitía con puntualidad al Foreign Office. Los archivos británicos acogían la nota como una noticia meteorológica y la sepultaban con indiferencia en el abismo insondable de los depósitos de Londres. No resulta difícil explicar la conducta de una y otra parte. Por un lado, las viejas provincias Unidas del Sur, batidas por el viento de la guerra civil, apenas lograban sobrevivir a las amargas luchas interiores. Buenos Aires pretendió sustituir al Rey en el monopolio del puerto y la Aduana. Para ello desenvolvió múltiples políticas desde 1810 a 1880. Todas se dirigían a conservar para la orgullosa Provincia Metrópoli el privilegio real de los recursos portuarios y la hegemonía política sobre las miserables provincias que Carlos Tejedor llamó despectivamente los "13 ranchos". ¿Cómo habrían podido los argentinos ocuparse de preservar por la fuerza la soberanía de las Malvinas cuando estaba en discusión entre ellos mismos la unidad y la soberanía del territorio continental? Todavía en 1845 la flota anglofrancesa disparaba sus cañones en la Vuelta de Obligado. Aún en 1878 una cañonera británica navegaba hasta el Rosario para amenazar a la provincia de Santa Fe, en defensa de un gerente del banco inglés. Luego, desde la federalización de Buenos Aires hacia cien años más tarde, el Imperio Británico acoge en su estructura mundial a un dominio que, aunque invisible en el planisferio, en realidad dependía del poder inglés. Este país, llamado el "Sexto Dominio" en las cortes europeas, era la Argentina. Viajeros y cronistas han relatado el espectáculo de la "expansión hacia afuera" que se produce desde 1880: inmigración, ferrocarriles, aumento del área sembrada, categórico ascenso de las exportaciones, creación de centenares y aún miles de nuevos pueblos y ciudades. El capital extranjero es el héroe de la fiesta finisecular. La vinculación entre los ingleses y la oligarquía, entre la vida mundana de la vieja sociedad criolla y los usos y costumbres más populares (el fútbol) se entrelazan con el lejano Imperio que deglutía poco a poco, a comienzos del siglo XX, gran parte de Asia y África. Pero las relaciones entre la oligarquía argentina nacida al mundo externo, al lujo y a toda suerte de nuevos placeres, y el imperio dominante inglesa no se detuvo en las cifras del comercio exterior o en los hábitos que introducía en las altas clases nativas. Se propagó hacia la visión de la historia, el perfil de la cultura, la sacralización de la antítesis de Sarmiento (Civilización o Barbarie), la conducta de nuestra diplomacia, la indiferencia hacia los problemas territoriales, el olvido piadoso hacia la sufriente América Latina. Se convierte en creencia tácita, rara vez expresada, pero virtual en la conciencia de las clases medias y clases altas del Litoral la extravagante idea de que, con respecto a los latinoamericanos, "los argentinos somos superiores". Toda la cultura se vuelve acrítica. La historia de la Patria Vieja se trueca en una borros...continua |
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