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15/3/1992 . Al General Alejandro Agustín Lanusse por Jorge Abelardo Ramos


Señor:
Al regresar de una larga ausencia en México, me informo que Ud. ha sostenido la incompatibilidad del peronismo con la decencia. Con fines puramente histórico-pedagógicos, y en beneficio de la juventud, que no conoció los hechos, me permitiré, respetuosamente, refrescarle la memoria.

Ud. comenzó su carrera militar violando la lealtad debida al Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, el General Perón, que además era el Presidente Constitucional de la Nación. Como simple capitán, participó en septiembre de 1951, en el motín encabezado por el General Menéndez.

Detenido por esa causa, en 1955 la revolución "libertadora" lo premió con dos ascensos simultáneos, que lo elevaron elegantemente a la condición de Teniente Coronel y de Jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo. Ese Regimiento glorioso, creado por San Martín, tiene por misión proteger al Presidente. Ud. innovó en la materia pues como jefe del regimiento escolta contribuyó a derrocar al General Eduardo Lonardi, presidente del golpe militar, a quien Ud. debía lealtad. Al ayudar al estado mayor, elevando al poder un golpe palaciego al General Aramburu, Ud. se garantizaba una brillante carrera, aunque no enriquecía la tradición sanmartiniana del Regimiento de Granaderos. Su actividad de revoltoso conspirador, no conoció fatiga, según verá quien lea.

Poco después, en 1962, le tocó el turno al presidente Frondizi, que había soportado 34 planteamientos militares del grupo golpista al que usted perteneció, antes de su derrocamiento. Ud. no faltó a esa cita, ni a las luchas intestinas de la Marina y el Ejército en 1962 y 1963.

Miembro estelar del arma de caballería, Ud. encontró un jefe ideal en el General Onganía.

Devoto de tal oficial, Ud. actuó en la caída del Presidente Arturo Illia en 1966, y en tal carácter acumuló méritos para su "cursus honorum". Designado por Onganía como Comandante en Jefe del Ejército y coronada así su turbulenta carrera, ¿a qué más podía Ud. aspirar? Designó enseguida como Presidente de la Nación al General Roberto Levingston, tan sólo para destituirlo siete meses más tarde. Sin perder un minuto asumióla Presidencia, y conservó con la prudencia de Fabio el Antiguo, la Comandancia de su fuerza. Nuevamente, ya inquietos los dioses de la guerra, podrían haberle preguntado: ¿Qué más General?

Y Ud. dejó a los dioses apampados de estupor. Su apetito de poder era pantagruélico. ¡Ahora quería ser Presidente Constitucional! Así emprendió negociaciones en 1971 con el General Perón en el exilio. Ud. gestionaba los votos peronistas (que en la ocasión no le parecían indecentes), pero el caudillo rechazó sus pretensiones. El GAN (Gran Acuerdo Nacional) se fue al demonio, de donde sin duda había provenido. Ciego de ira, y obligado a convocar a elecciones, Ud. proscribió la candidatura de Perón y declaró que nadie le impedía su regreso a la Patria. Agregó una bravata: "Si Perón no volvía era porque no le daba el cuero". Cuando en noviembre de 1972 regresó el General Perón a la Argentina, Ud. movilizó 10.000 soldados en Ezeiza y rodeó con ese despliegue militar a un anciano, solo y enfermo de muerte, cuya única fuerza consistía en el amor de su pueblo. Ud. si tenía cuero. Allí dio muestras de su valor.

Veinte años más tarde y confiado en la amnesia colectiva, califica Ud. al Presidente Menem de "improvisado" ¡Nada menos que Ud. General, que aturdido por el caos económico desencadenado por la caída de Perón en 1955, pretendió conjurarlo suprimiendo en 1971 el Ministerio de Economía! Pero fue Ud., señor, y sus asociados civiles y militares en el golpe, los que iniciaron ese caos contrarrevolucionario, y es el Presidente Menem quién debió asumir la formidable tarea de ponerle remedio.
Permítame recordarle que Ud. y otros derrocaron a Perón, que había iniciado corajudamente la unidad latinoamericana, el "Zollverein" del Sur. El gran proyecto quedó postergado casi 40 años. Correspondió al Dr. Menem el mérito excepcional de haber retomado la ...continua



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