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3/4/1990 . El laberinto de García Marquez por Jorge Abelardo Ramos



¿Una agonía en lugar de una vida? No dejará de complacer al europeo dispéptico este relato de innegable belleza trágica ya que en los "países centrales" hay un estereotipo firmemente establecido desde los tiempos de la trata de negros. Para ellos, la "América Criolla" es exactamente como el plato picante que les ofrece aquí el escritor colombiano: mariposas gigantes, mulatas cimbreantes de bocas feroces, generales lascivos, árboles de los que mana leche, muerte y barbarie. Y también héroes derrotados. Sobre todo, héroes derrotados. ¡Buffon en estado puro!.

La naturaleza americana es subyugante y la historia aborrecible. De este modo se nos presenta un Bolívar espectral, cuya talla, roída por la tisis, disminuye cada día y cuyo implacable retrato se compone, con el lápiz certero de García Márquez, de traición, mundanidad, obsesión erótica y baraja. No resulta usual que se publique un libro en el mundo con una tirada de un millón de ejemplares en 32 lenguas. Tal interés ¿obedece al magnetismo de Bolívar? Cabe dudarlo. ¿Será más bien el prestigio del premio Nobel, su particular vínculo con el Este y también con el Oeste? ¿Su cautivante pluma ejerce tamaño poder? No cabe duda que es gracias a garcía Márquez que la gente se ha precipitado a comprar el libro. No puede tratarse de Bolívar. Nuestros grandes hombres yacen bajo el peso de hagiografías sofocantes que les impiden respirar. La estructura semicolonial de nuestras repúblicas semicoloniales solo cumple con los héroes escolares en cada aniversario fúnebre. No podía esperarse que los mismos intereses que derrotaron a "San Martín, Artigas y Bolívar", hiciesen otra cosa que cerrarles la boca en los libros de textos y embalsamarlos en bronce. El sistema de puertos exportadores de la América latina, después de haber contribuido a expulsar a los españoles, volvió sus espaldas a los libertadores. Expatrió a San Martín y expulsó a Bolívar en Santa Marta. En tanto sus oficiales, auxiliados por comerciantes, hacendados y periodistas, despedazaban la "gran Colombia" y se proclamaban jefezuelos de cada aldea.

En lugar de una "patria grande" tuvimos 20 repúblicas simiescas, cada una con una constitución copiada, con sus plátanos aquella, ésta con su cobre, otra con su petróleo o su carne, su estaño o su azúcar. Apoyada en cada producto exportable se erigió una arborescencia política, jurídica, aduanera, literaria y militar llamada "Nación". Sobre cada una de ellas se elevó la sombra de los imperios anglosajones. La historia se trocó en fábula. Bolívar resultó, para el lector corriente, un ambicioso, celoso de San Martín, y nuestro Libertador, una especie de Santo "renunciador" y asexuado, envuelto en su mortaja de asceta. Ambas imágenes fueron tan falsas como el retrato despiadado que Marx trazó sobre Bolívar (lo llamó "canalla") nutrido de la folletería inglesa.

De algún modo, García Márquez, continúa esa tradición, aunque en el plano de un arte refinado y, por lo mismo, más sutil y peligroso. La novela - historia narra la desintegración física y moral de Bolívar, a través del río Magdalena hasta Santa Marta. Nada se le ahorra al lector: un moribundo lucha entre el sueño y la muerte, el poder se le escurre entre las manos, sus generales lo traicionan y desprecian en todas partes. Exhausto, todavía le queda ánimo, entre vómitos de sangre, para alzar a las mulatas o señoras hasta su hamaca, lisonjea y desacredita a un tiempo a sus fieles, descree de todo y de todos. Ese viaje de Caronte a los infiernos urde una visión horrenda del Libertador. Es precisamente García Márquez, muy atento a su trabajo, quién emplea la palabra en un apéndice sobre fuentes de la página 274: "El horror de este libro". En dicha pagina, titulada "Gratitudes", el autor revela sus propósitos: "Más que las glorias del personaje, me interesaba entonces el río Magdalena... Los fundamentos históricos me preocupaban poco, pues el último viaje por el río es el tiempo menos documentado de la vida de Bolívar". No ...continua



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