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7/1/1952 . AMERICA EN LA ENCRUCIJADA por Victor Almagro

Un Editorial de Descartes Ha Tenido Amplia Resonancia en Europa

PARIS - El editorial firmado por Descartes, publicado en DEMOCRACIA el 20 de diciembre, ha suscitado en todos los c�rculos latinoamericanos de Paris y en los n�cleos m�s alertas (no son muchos) de la ONU, considerable inter�s. En ese art�culo, cuya difusi�n y meditaci�n seria obvio recomendar, se plantea por primera vez en la prensa argentina y latinoamericana un problema de proyecciones hist�ricas que ya discuten con sintom�tica pasi�n, intelectuales, pol�ticos, estadistas y pueblos.
Par�s sinti� resonar las palabras de Descartes. Para una �poca en que la noci�n de lo �hist�rico� ha sido tan desmonetizada, las ideas contenidas en dicho trabajo devuelven a la palabra su real contenido. Pareciera que la tesis de Descartes hubiera cristalizado en una rotunda f�rmula de vagas ideas, obscurecidas por tantos a�os de propaganda imperialista, que el latinoamericano medio alimentaba confusamente.
La formaci�n de una Confederaci�n Sudamericana, que arrancara de un agrupamiento regional de los Estados del Sur, posee tal riqueza de posibilidades econ�micas y pol�ticas que no ser� posible en una simple nota sino aludirlas.

�El arte de lo posible�

Bismarck gustaba definir a la pol�tica como al �arte de lo posible�. Corresponde al pol�tico se�alar el momento preciso en que la realidad asimila y expresa un sistema de ideas determinado. La uni�n de los Estados Latinoamericanos �arranca del precursor de la independencia continental, don Francisco de Miranda, que hab�a so�ado en un inmenso Imperio Colombino, coronado por alg�n descendiente de los Incas. Su inmediato disc�pulo Sim�n Bol�var continu� en el teatro de las armas esa concepci�n pol�tica, fracasando en la tarea no s�lo por la dispersi�n y el atraso de las provincias de Virreynatos, sino por la acci�n balcanizadora de las emancipadas colonias. El Congreso de Panam� fue pat�tico testimonio de su aspiraci�n y fracaso.
Cuando el general San Mart�n part�a hacia Chile para librar sus batallas definitivas, las instrucciones de Pueyrred�n estipulaban la necesidad de realizar conversaciones para obtener la fundaci�n de una �Confederaci�n Sudamericana�. Bernardo Monteagudo, secretario de San Martin y consejero pol�tico de Bol�var, hab�a escrito un estudio sobre el mismo tema. El coronel Dorrego no ocultaba igualmente su visi�n de un vasto sistema de Estados latinoamericanos confederados.
Se trataba no s�lo de hacer frente a todas las alianzas europeas o norteamericanas (escudadas en la Doctrina Monroe o en el mito de las soberan�as de bolsillo), sino ante todo de echar las bases de un gran Estado de importancia mundial.

Sudam�rica en dispersi�n

Estas ambiciones de enorme alcance concluyeron en un dram�tico derrumbe. La segunda mitad del siglo XIX (ese siglo que, como dice Descartes, fue la �poca de la formaci�n de las nacionalidades) fue testigo de la frustraci�n de una gran naci�n latinoamericana o sudamericana. Surgieron en cambio veinte Estados, revestidos de mayor o menor fuerza y estabilidad, que a duras penas lograron mantener su soberan�a pol�tica y su independencia econ�mica. Algunos de ellos fueron, y en cierta medida contin�an si�ndolo, simples protectorados econ�micos de las grandes potencias, bajo la cobertura de una ficci�n jur�dica que los designaba como �Estados soberanos�. As� se vieron envueltos no s�lo en guerras extracontinentales, arrastrados por sus poderosos protectores, sino que en tiempos de paz estuvieron expuestos a las oscilaciones peri�dicas de la econom�a imperialista.
Esta dependencia hab�a herido el desarrollo econ�mico propio, convirtiendo a cada Estado latinoamericano en un protector unilateral de materias primas (caf�, trigo, carne, caucho, cobre, salitre, bananos, petr�leo, esta�o, algod�n), cuya funci�n tributaria de las potencias compradoras aniquilaba de antemano todo arresto de autonom�a pol�tica efectiva. En este proceso de dispersi�n conti...continua



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