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3/1/1952 . UN MILAGRO DEL PUERTO LIBRE por Victor Almagro

En T�nger se Aman las Naciones que en la UN se Odian

EXCLUSIVO

T�NGER. (De nuestro enviado especial). � El avi�n descendi� suavemente sobre la pista. Minutos antes hab�a surgido desde lo alto una ciudad blanca, erizada de rascacielos y apretada por una playa inmensa. Era una fresca visi�n de cemento y cristal. Los compa�eros de viaje parec�an ciudadanos apropiados a esa ciudad vislumbrada. Eran hombres sonrientes, armados de portafolios, y seguidos de damas enjoyadas. Al entrar al bar del aer�dromo saltaron a los ojos carteles y anuncios en tres idiomas: franc�s, ingles y �rabe. Los permisos de entrada en T�nger estaban encabezados por las palabras: �Imperio Jalifiano�, pero su texto era igualmente triling�e. Gendarmes corteses vestidos con el cl�sico uniforme de la polic�a francesa atend�an la aduana, secundados por ayudantes �rabes y negros tocados con un fez rojo. Mientras aguard�bamos los tr�mites correspondientes, pasaron varios militares norteamericanos e ingleses, dos o tres ministros y banqueros espa�oles de visita en Marruecos y algunos jerarcas �rabes, arrebujados en sus t�nicas blancas. T�nger descubr�a as�, desde su aer�dromo, su calidad de ciudad ocupada por las grandes potencias.
La zona de T�nger cubre una regi�n de 400 kil�metros y est� situada en el punto extremo del Nordeste de �frica, frente al estrecho de Gibraltar y dominando el paso del Oc�ano Atl�ntico al Mediterr�neo. Si esta privilegiada posici�n fue del agrado de los fenicios, cartaginenses, romanos y �rabes en la antig�edad, es f�cil presumir cuantas reflexiones habr� suscitado entre los grandes grupos del imperialismo contempor�neo. T�nger pas� sucesivamente de manos de los portugueses a la de los espa�oles y los diligentes ingleses se preocuparon posteriormente en poner su planta en las doradas playas. Como es natural, la opini�n �rabe no fue consultada en todo estos traspasos, como tampoco influyo mucho en el Tratado de Madrid de 1880, ni en el Acta de Algeciras de 1906 ni en el Convenio de Paris de 1923 que coloc� hasta hoy bajo el control de las grandes naciones europeas la vieja capital diplom�tica de Marruecos.

155.000 habitantes y 2.000 comercios

Durante los �ltimos quince a�os, sacudidos por los temblores s�smicos de la crisis capitalista. T�nger se convirti� lentamente primero e impetuosamente despu�s, en un refugio de aventureros internacionales, capitales fugitivos del centro de Europa, ap�tridas de todo origen, traficantes de armas, hombres y drogas, centro del contrabando mundial y terreno neutral para los contactos amables de las potencias hostiles y de sus respectivos servicios de contraespionaje. Como si Aladino hubiera frotado su l�mpara, surgieron milagrosamente grandes compa��as financieras, comerciales e industriales, empresas importadoras y exportadoras, rascacielos y edificios de todo orden, cabarets fe�ricos, casinos y garitos de juegos, suntuosos comercios y la cohorte de habiles sujetos que esta cultura urbana origina. Det�ngase usted ante cualquier pureta de la calle estatuto (avenida comercial con �rabes descalzos y macilentos contemplando en sus vidrieras aparatos de televisi�n) y descubrir� en una delgada franja de pared dos, tres o cinco chapas indicadoras del domicilio de otras tantas sociedades an�nimas. Son, en realidad, simples puntos de referencia, estafetas para recoger correspondencia de todos los lugares del mundo, pues aunque esa �Sociedad An�nima� est� registrada en el T�nger, su due�o es m�s an�nimo aun y no vive en el T�nger, sino en Casablanca; Par�s o Barcelona.
Existen en esas condiciones m�s de 2.000 sociedades an�nimas sobre una poblaci�n total de 155.000 habitantes, de los cuales m�s de 120.000 son �rabes que no poseen ninguna capacidad de consumo. Hay compa��as importadoras de heladeras norteamericanas, pero pocas personas viven en la ciudad que puedan comprar una, pululan compa��as exportadoras de armas, pero T�nger no produce ni galletitas, hay empresas que importan aparatos de medicina quir�rgica y aparatos de televisi�n, p...continua



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